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Morituri te salutant

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Lasso Asamblea Muerte Cruzada

La alarma sobre la muerte cruzada no sonó en el Gobierno sino en la Asamblea Nacional. El temor a una derrota, sin embargo, obliga a cavilaciones y prudencia en ambos bandos. El desprestigio de la Asamblea y la popularidad del presidente parecerían indicar que no se repetirá una oportunidad mejor para aplicar por primera vez esta fórmula política.

Foto: Bolivar Parra – Flickr Presidencia de la República

 “Morituri te salutant” (los que van a morir te saludan), gritaban los gladiadores romanos al emperador antes de iniciar la pelea. Ahora, los gladiadores de la Asamblea Nacional no saludan, insultan, pero igual van a morir si es que se produce lo que ellos temen: la muerte cruzada.

Si el Presidente tiene altos niveles de credibilidad, si tiene el empuje de la campaña de vacunación, si la oposición de la Asamblea y la Conaie están ya mostrando los dientes y han adelantado que no aprobarán las leyes laborales y tributarias; ¿por qué no apelaría a la muerte cruzada?

¿Por qué la Asamblea demuestra temor?

Los Congresos, en general, no tienen buena prensa porque es un cuerpo colegiado y eso provoca que se mueva lentamente y cualquier escándalo individual afecta a todos. Otra desgracia de los Congresos es que suelen estar llenos de políticos provincianos que creen haber alcanzado el éxito político y son impacientes, vanidosos, llenos de compromisos. Nuestra Asamblea se ha deteriorado en tiempo récord por algunas razones particulares:

  • Su composición responde a la primera vuelta electoral que le dio el triunfo a Andrés Arauz, a Yaku Pérez y a Xavier Hervas, tres figuras deleznables que se diluyeron, pero dejaron la Asamblea llena de diputados llegados en el autobús de las listas. 
  • En la segunda vuelta, los ecuatorianos cambiaron su decisión y eligieron a Guillermo Lasso, pero no podían ya darle apoyo legislativo.
  • Dos figuras desventuradas liquidaron la imagen de la Asamblea. Rosa Cerda y Bella Jiménez, la primera enseñaba a robar y la segunda robaba, según su propio partido que le ha expulsado de sus filas.
  • La mayoría de la Asamblea está compuesta por los asambleístas de dos partidos, Unes y Pachakutik. El primero tiene demasiados afiliados en la cárcel, enjuiciados o prófugos y el segundo está aliado con la Conaie, que solo quiere desestabilizar al país. 

En estas condiciones la Asamblea Nacional no tiene ninguna esperanza de ganar una consulta ni la muerte cruzada. El presidente Lasso contra toda la Asamblea, sería el sueño de una elección para cualquier presidente audaz y ambicioso. Teniendo, además, altos índices de confianza y un discurso que transmite seguridad y conocimiento. 

La Asamblea delata miedo al calificar de chantaje la sola mención de la consulta y la muerte cruzada. La revolución ciudadana convocó tres consultas populares cuando era gobierno y los dirigentes indígenas creen representar al pueblo y hablan en nombre del pueblo, ahora califican de chantaje la consulta al pueblo.

Foto: Fernando Lagla – Flickr Asamblea Nacional

 ¿Por qué el gobierno demuestra temor?

El gobierno tiene tres buenas razones para ir a la muerte cruzada:

  • Tiene la popularidad que contrasta con la mala imagen de la Asamblea Nacional y la de sus figuras. Las encuestas dirían que, en una confrontación entre una figura individual de prestigio, el Presidente, y un colectivo desprestigiado, ganaría la figura por el efecto de victimización y el voto castigo, dos factores electorales decisivos.
  • No tiene posibilidades de cambiar la mayoría ni entenderse con la mayoría. La erosión de unos pocos asambleístas solo aporta al gobierno con figuras desprestigiadas, tránsfugas de la política o ambiciosos que sueñan con el poder para enriquecerse.
  • El andamiaje del correísmo está intacto y es una camisa de fuerza para hoy y para el futuro. No le permitirá aplicar su idea de la economía y la política. Ese andamiaje fue preparado para que la izquierda se quede en el poder para siempre. Esa colección de disposiciones absurdas, comenzando por los mandatos constituyentes hasta las disposiciones garantistas de derechos utópicos e irreversibles, no se acomodarán jamás a sus ideas y propuestas. Tampoco sería aceptable que deje intacta esa organización institucional para el retorno del populismo.

Sin embargo, la posibilidad de la muerte cruzada tiene un precio muy alto para un político triunfador y embelesado con la popularidad. El precio es el riesgo de ser derrotado en las urnas y desaparecer de la vida política. Nunca hay garantías suficientes de la victoria.

Winston Churchill fue derrotado en las urnas dos meses después de haber derrotado a los nazis en la guerra. La alternativa es someterse al chantaje de la Asamblea, tratar de sobrevivir negociando y cediendo, pidiendo más créditos, apagando incendios sociales y proponiendo pequeñas reformas en consultas populares. En suma, renunciando a implementar el cambio ofrecido y esperado.

El tiempo es otro enemigo

Para la consulta popular o para la muerte cruzada se requieren otras dos condiciones. La Constitución establece, en el artículo 148, como condiciones para la muerte cruzada que la Asamblea obstruya la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo y que haya grave crisis política o conmoción interna. Ambas causales se cumplirán pronto porque la mayoría ha anunciado ya que ni aprobará el presupuesto, ni nuevos impuestos, ni la ley de oportunidades que ni siquiera conocen. También han anunciado protestas en las calles si el gobierno no escucha al pueblo, o sea a ellos.

La muerte cruzada puede ser aplicada en cualquier momento de los tres primeros años, pero exige decisión política y cierta preparación para gobernar por decreto después de la disolución de la Asamblea y para la dura campaña electoral que se produciría cuando se juegan la vida avezados políticos.

Las circunstancias favorables y las causales no se repetirán. El tiempo es el mayor enemigo. Erosiona la imagen de cualquier político demócrata, solo los populistas y los dictadores mejoran con el tiempo. El pueblo es impaciente, si la consulta popular o la muerte cruzada se aplazan, no se descartan, pero no se aplican, la decisión puede llegar cuando sea tarde, cuando la caída de la popularidad les provoque vértigo y la muerte cruzada les resulte demasiado peligrosa. 

Argumentarán que asumen un riesgo excesivo, que puede provocar conmoción social y agravar la crisis económica. Ninguna consulta será suficiente para desmontar la estructura correísta y librarse de los obstáculos que colocará la oposición todos los días.

El gobierno tiene poco tiempo para decidir y si decide mal, mucho tiempo para lamentar. Debe decidir entre las tres opciones que tiene: El diálogo para conseguir la aprobación de lo más indispensable para sobrevivir. La consulta popular para librarse de algunas trabas y tratar de hacer al menos algunos cambios y la muerte cruzada para cambiar la política, cambiar la economía y cambiar el futuro del Ecuador.

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