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Recomponer Quito requiere de un esfuerzo colectivo

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La capital vivió momentos de tensión. La violencia, el vandalismo y la inseguridad se apoderaron de Quito y los quiteños tienen el reto de sanar la sociedad. Las organizaciones barriales pueden ser un mecanismo de unión. Puntualizamos algunas ideas de tres especialistas.

Fotos: César Pasaca – API

Los 11 días de paro nacional y de violencia vivida dejan algunas lecciones aprendidas. Sin embargo, para el analista Pedro Donoso, principal de Icare Inteligencia Comunicacional, antes de las lecciones hay que hacer un diagnóstico de las consecuencias, y lo que se evidencia es un rompimiento del tejido social. “Quito esta fracturado”, dice Donoso. Y no solo en relación a los daños de bienes patrimoniales sino a la dinámica social. Ahora, saber cómo esto impacta a nuestro relacionamiento cotidiano y conexiones sur, centro, norte y los valles, es fundamental, señala.

Por otra parte, Ruth Hidalgo, de la organización Participación Ciudadana, plantea tres puntos a identificar tras la crisis y acciones a tomar. Primero, los últimos 10 años Quito fue una fortaleza correísta apuntalada en la generación de una burocracia que no estaba trabajando para servir al país sino para cumplir una agenda política y eso desafortunadamente se mantiene. Esta ‘aristocracia de la función pública’ debe reducirse para liberar al Estado de un peso importante, porque estamos pagando enemigos a sueldo, dice. Segundo, se han venido infiltrando elementos extranjeros con interés políticos, por tanto, hay que reforzar temas de inteligencia e identificar con anterioridad células extremistas que están alineados con una agenda desestabilizadora de la democracia. Y, finalmente, Hidalgo dice que hay una obligación moral con Quito de obligar a los actores políticos que dejen de pensar en agendas personalistas para evitar la distorsión y así ofrecer una agenda trabajada por el bien de la ciudad y que incluyan temas de la democracia, sociedad civil y de la quiteñidad.

La analista recalca que es fundamental reforzar la identidad y levantar el autoestima. “Cuando a una ciudad le pasa lo que nos pasó a nosotros afecta en el autoestima y mucho de esto radica en lo orgullosos que nos sentimos de los monumentos históricos y sitios emblemáticos que han sido destruidos”, dice. Por tanto, se deben tomar las decisiones de políticas públicas para que no vuelvan a ser blanco en ninguna propuesta. Y, obviamente, hay que defender la democracia, si bien somos un pueblo pacífico hay que defender la democracia, enfatiza.

Desde otra óptica, la concejal Luz Elena Coloma indica que la ciudad requiere de un plan de contingencia de seguridad, no solo relacionado a sismos o erupciones volcánicas, sino por violencia urbana y ataques a lugares estratégicos de la ciudad. “Por ser sede de gobierno y concentrar los poderes del Estado, Quito es vulnerable y más porque estas sedes están en el corazón del Centro Histórico que es patrimonio cultural”, asegura.

En cuanto a estar preparados como sociedad para evitar una arremetida de violencia y controlar esos momentos de tensión, Hidalgo sostiene que la sociedad civil no puede estar preparada frente a la violencia vivida porque hay una preparación previa de los grupos delincuenciales que se evidenció en los últimos días. Por eso considera que la capital sí puede estar preparada para elegir mejor, conocer mejor los candidatos, elegir apropiadamente, y como ciudadanos, involucrarse para llegar a sitios de decisión.

Coloma dice que es complicado controlar la violencia porque no se sabe cuáles son los objetivos de quienes la generan. Es importante que la inteligencia estatal, que ha sido debilitada, controle estos eventos y si es que detectan movimientos asociados a grupos violentos o a otros fines, ajenos a la reivindicación social, debe ser conocido por las autoridades de la ciudad para emitir un plan de contingencia que puede partir desde delimitar accesos a la ciudad, hasta condicionar los espacios donde se pueden hacer este tipo de expresiones para disminuir la vulnerabilidad, incluso de los ciudadanos.

Ante esto, Donoso plantea que es importante analizar la lógica barrial, es decir, la organización barrial no solo cuando se ven amenazados sino una construcción barrial forjada en tiempos de paz. Ahora, esta organización no debe ser para defensa porque eso es responsabilidad del Estado y eso sería sumamente peligroso, “no hay que enfocar la unión barrial en la defensa de la amenaza sino en la construcción de un tejido social para reconocernos entre diversos” dice Donoso. Y asegura que así se podrá tener un barrio no solo seguro, sino más empático y solidario.

Finalmente, los analistas plantean algunas ideas para recomponer la ciudad tras la fuerte crisis social de los últimos días. Hidalgo sostiene que, la Junta Cívica de Quito puede jugar un rol fundamental por ser un espacio apartidista, plural y diverso. “Esta podría convertirse en un aliado estratégico de los gobiernos locales, más allá de su ideología, para ir proponiendo modelos de gestión e ir apostando a modelos innovadores que revivan, por ejemplo, las fiestas de Quito, o generen mayor empleo, o apoyen a los emprendimientos”.

Donoso apunta a la acción barrial. “Empezar a conocernos más entre vecinos, es vital entender a la unión barrial no como un cliché, sino como la unión en la diversidad”, dice. El reclamo es justo dentro de los parámetros de la ley, pero hay que entender que la recomposición del tejido social se defienda desde lo diferente.

Para Coloma es evidente una ruptura social que las diferentes instancias de gobierno central y local tienen que mitigar y atender con prioridad, especialmente a los sectores más afectados por esta crisis. Asimismo, «es fundamental reactivar la economía de la ciudad, volverla para la inversión», dice. Recuerda que hay proyectos de desarrollo que se estancan por tramitología excesiva. Además, Coloma afirma que existen otros sectores involucrados, por ejemplo, la empresa privada, que deben tener un espíritu de aprendizaje a raíz de esta crisis, no solo para generar ganancia sino para agregar valor a la sociedad. Esta es una oportunidad, asegura, para acercarnos a los vecinos y a los barrios que todavía tienen carencias.

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