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¿Planificaron fraude electoral?

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La historia es cíclica. 43 años después, el Ecuador revive hechos insólitos ocurridos en las mesas de votación. ¿Se planificó un fraude desde el exterior? 

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

Vísperas del domingo 7 de febrero de 2021 se reproducía por redes sociales y en medios de comunicación la seguridad de Rafael Correa Delgado de que su binomio “impuesto” para que corra por Centro Democrático ganaría las elecciones presidenciales, en una sola vuelta, con el 45% de votos.

La “certeza” de Correa a su audiencia no era solo para el binomio, sino para sus otras candidaturas, especialmente para la Asamblea Nacional, encabezada por su hermana Pierina, y otras integradas por sujetos sospechosos e investigados por la justicia.

Y, estaba presuroso porque sus delfines asumieran el poder. Pensaban exigir, el mismo ocho de febrero del 2021, la renuncia del gobierno para que asuma el ungido en las urnas, burlando el ordenamiento legal instaurado en el 2008, ignorando plazos para la sucesión.

Conjeturas

Sobre la “certeza” del 45% de votos válidos para Arauz-Rabascall del universo de 13 099 150 electores convocados se esparcen interrogantes. ¿Cómo Correa llegó a tal porcentaje triunfalista?

No pocos grupos sociales se preguntan: ¿jugó algún rol el Ministerio de Inclusión Económica y Social?, ¿Correa utilizó sus “topos” que sobreviven en el gobierno y le facilitaron datos actualizados de los beneficiarios de bonos?, ¿con esos datos desplegaron intensa actividad en territorio, particularmente en el Litoral con la primigenia oferta de regalar USD 1 000?

Como el domingo siete, desde 1978, cuando se “reestrenó la democracia”, no se han visto enormes columnas de personas frente a los recintos antes del inicio de la hora de votación, como tampoco la ausencia de importante número de vocales de juntas receptoras de votos.

Se suman interrogantes: ¿los encolumnados fueron, mayoritariamente, los contactados y familiares de beneficiarios de los bonos gubernamentales a cambio de la promesa de dinero?

¿La ausencia de importante número de vocales de juntas receptoras del voto permitió el reemplazo por gente del binomio que alcanzaría el “45%” para manejar el escrutinio a su antojo, por ello numerosas actas (13,6%) tienen inconsistencias numéricas y otras fallas?

No pocos se preguntan: ¿Es cierto que al 32% de la población del Ecuador favorece a la corrupción?, ¿qué el 52,22% de manabitas vota por el representante político de un gobierno que recaudó miles de millones de dólares para reparar los daños del terremoto de 2016?

Y se escucha: ¿por qué Arauz tiene en ciertas actas más votos que los depositados en las urnas?, además, ¿qué se encontraría en la revisión del 100% de urnas de la provincia del Guayas y en el 50% de 16 provincias, en el examen contable de votos?, ¿alcanzará a Arauz o se restringirá a Pérez y Lasso?

Foto: Flickr Consejo Nacional Electoral

¿Qué incidencia legal tendría en el binomio Arauz-Rabascall la información entregada por la Fiscalía General de Colombia a su similar del Ecuador en torno a la versión publicada por revista Semana de ese país, de que Andrés Vanegas (Uriel), del ELN, habría entregado USD 80 000 para la campaña electoral del binomio citado? Han reaccionado voceros del Foro de Sao Paulo, ¿en qué términos lo harán los mentores políticos de Arauz, quien junto a Rabascall y otros fueron a México para “reunirse con ellos”?

Tensión política 

La tensión política crece a casi tres meses de la culminación del mandato del presidente Lenín Moreno y a casi dos meses de la segunda vuelta de elección presidencial. Crecen versiones de que Araúz recibiría sanciones electorales, ¿hay pruebas inobjetables?, ¿el Ecuador está abocado al más escabroso desenlace electoral de su historia?

En 1938, en la década de la mayor crisis política ecuatoriana, el gobierno del Dr. Aurelio Mosquera Narváez, se disolvió la Asamblea Constituyente; en 1948 no hubo claridad en el triunfo de Galo Plaza sobre Manuel Elicio Flor y se redujo a prisión a diputados electos del Guayas, violentando normas constitucionales.

Mano negra y pálidos reflejos

Alta tensión política hubo en el escrutinio de votos de la primera vuelta de elección presidencial del 16 de julio de 1978. Sobre la base de datos entregados por la Secretaría Nacional de Información Pública (SENDIP), el Tribunal Supremo Electoral divulgó que los resultados provisionales eran del 32% para el binomio Roldós-Hurtado, 21% para Durán Ballén-Icaza y 21% para Huerta-Vivanco, pero advirtió que el resultado oficial se dará cuando concluya el escrutinio de votos casi símil a lo hecho estos días por el Consejo Nacional Electoral ubicando a Arauz, Pérez y Lasso en su orden, cuando entre los dos últimos las cifras reclamaban “empate técnico”.

Aquel Tribunal comenzó a escrutar los sufragios de Esmeraldas y evidenciaron enormes irregularidades, difíciles de compatibilizar con los resultados extraoficiales. El representante cefepista, Rafael Márquez Moreno, a la postre elegido legislador nacional, al ver las atrocidades no se inmutó en decir que en Esmeraldas “había actuado una verdadera mano negra”, palabra endosada al Tribunal.

Y cuando en Esmeraldas se descubrieron más anormalidades, el presidente del Tribunal, Rafael Arízaga Vega, fue terminante, al decir que lo que se está comprobando es “un pálido reflejo de lo que vendría después”.

Arízaga Vega fue blanco de severas críticas, como presunto “vidente”, “adornado de poderes sobrenaturales”, pero las anomalías eran reales, como la denunciada por el Partido Nacionalista Revolucionario de Carlos Julio Arosemena, el que afirmó que en Guayaquil, no pocos miembros de mesas electorales realizaron el escrutinio en sus domicilios particulares; casi todos los días hubo anulaciones de votos, de Juntas, el Tribunal resolvió anular las votaciones registradas en Cotopaxi, porque los vocales de mesas se habían esforzado para cometer irregularidades.

Dicho Tribunal tiene registro controversial en la historia electoral ecuatoriana como “Tribunal de la mano negra y de los pálidos reflejos”. Sus miembros renunciaron, en cadena televisiva, el 22 de septiembre de 1978 ante la dictadura militar. Al siguiente día apareció en un rotativo un despacho estadounidense: “Funcionarios del Departamento de Estado manifestaron que cualquier intento de frustrar el deseo del pueblo del Ecuador, en caso de que sean anuladas las elecciones presidenciales del 16 de julio, afectará las relaciones entre Estados Unidos y Quito”. El triunvirato aceptó la dimisión y nombró un nuevo Tribunal, el escrutinio continuó, como si nada hubiese pasado. Jaime Roldós ganó a su oponente Sixto Durán Ballén y se posesionó el 10 de agosto de 1979.

En febrero del 2021, ¿Hay signos para pensar en fraude planificado? Las autoridades, los observadores, los actores políticos tienen la respuesta. Hay que bogar porque prime la ética, la ley y la justicia. El reconteo de la totalidad de votos en el Guayas, y la mitad en 16 provincias podrían dar luces de lo ocurrido el domingo siete. ¿Reviven “la mano negra” y los “pálidos reflejos”, 43 años después, está vez con probable participación de residentes ecuatorianos en el exterior?

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1 Comentario

  1. Preguntaría: ¿Por qué el fraude (denuncia, realidad) ha acompañado la mayor parte de procesos electorales desde el inicio de la República? ¿Por que “reelegimos” varias veces a Velasco Ibarra, “olvidando” los grandes atracos cometidos en sus administraciones anteriores? ¿No determinará estas conductas o comportamientos “político-electorales” de la mayoría pueblo ecuatoriano (95%) el principio cristiano de “perdón y olvido”?

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