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La inclusión digital en Sudamérica tiene grandes retos

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Durante la evolución digital que trajo consigo la pandemia se vieron excluidos muchos sectores de la sociedad. Es así que la brecha digital se hace aún más evidente. Un reto importante para la región.

Los alcances de la brecha digital. El hecho de que las actividades cotidianas tuvieran que llevarse vertiginosamente al mundo del Internet como efecto de la pandemia, ha generado que la tarea de producir o recibir información esencialmente en igualdad de condiciones no resulte tan sencillo, debido a las brechas digitales que generan exclusión social. La brecha digital debe entenderse entonces como la desigualdad entre los que tienen acceso a Internet y los que no, los que tienen una computadora y los que no la tienen, y entre los que tienen acceso al uso y aprovechamiento las tecnologías de la información y comunicación (TIC), y los que carecen de este acceso. Dentro de este contexto, todas las personas tendríamos derecho a la inclusión digital; considerada ésta como la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos para beneficiarse de las TIC, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de quienes están en riesgo de exclusión o marginación por carecer de una forma de ejercer este derecho. Un eje fundamental para lograr esta inclusión, es sin duda el acceso a la Internet, medido como el parámetro de la penetración de Internet en los países, visto como palanca fundamental para enfrentar los efectos de la pandemia.

La penetración de internet en la región. De acuerdo con las últimas estadísticas del Banco de Desarrollo de América Latina – CAF, el 68,66% de la población de Latinoamérica y el Caribe tenía acceso a Internet en 2018, cifra que aumentó al 78,78% en 2020, valores que varían según el país; sin embargo, a pesar de que más de tres cuartas partes de los habitantes contarían con este acceso, aún queda un 21% excluido que representa a una parte importante de población en la región que no tiene la posibilidad de acceder a servicios digitales, y que tampoco puede reemplazar actividades que habitualmente requieren contacto físico. Para el caso del Ecuador en 2018, el 60,67% de la población tenía acceso a Internet, cifra que aumentó al 68,09% en 2020; crecimiento aceptable (7,42 puntos porcentuales), pero que no le permite estar entre los primeros cinco países que mayor crecimiento representan (Venezuela, Brasil, Bolivia, Colombia y Paraguay), sino que lo ubica entre los tres últimos de 10. Hay que destacar también, que el promedio de cada país sudamericano implica diferencias significativas internas, por ejemplo, la adopción de Internet en zonas urbanas vs. zonas rurales, o, la cantidad de dispositivos de acceso en el hogar, que en algunos países no sería suficiente para garantizar el acceso simultáneo de varios miembros de la familia al Internet.

La inclusión digital es un deber de las naciones. La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha insistido en que el acceso a los beneficios que proporcionan las TIC deben ser reconocidas como necesidades sobre las cuales los Estados deben prestar mucha atención. La inclusión digital integral sólo podrá darse cuando exista la infraestructura óptima, para al menos considerar que una persona está incluida digitalmente si cuenta con acceso de calidad a los servicios TIC, desvaneciendo la brecha digital que se atraviesa hoy en día. Asimismo, la inclusión digital va más allá del acceso a Internet per se, y tiene que ser vista como parte de la inclusión social, que, de llegarse a liberar su pleno potencial, desarrollaría otros aspectos sociales y económicos de los ciudadanos. La meta 9.c de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible consiste en “Aumentar significativamente el acceso a la tecnología de la información y las comunicaciones y esforzarse por proporcionar acceso universal y asequible a Internet en los países menos adelantados de aquí a 2020”. Por lo que, poner Internet a disposición de todos los ciudadanos es una preocupación importante, que bien podría llegar a alcanzarse de mantenerse la tendencia actual.

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