CARGANDO

Escribe para buscar

Debate Noticias

Las etapas del COVID-19 en una persona

Compartir

El virus provoca secuelas al ser humano. Unas pueden ser físicas y otras psicológicas. La atención de estas últimas deben ser de preocupación estatal.

Fotos: Gianna Benalcázar – CCQ

Ha pasado ya un año desde que el COVID-19 llegó a nuestro país y empezamos con las medidas de bioseguridad y las restricciones. Sin embargo, se puede decir que muy pocas cosas han cambiado. Quizás tenemos, de cierta manera, más conocimiento sobre cómo tratar la enfermedad, sus mecanismos de transmisión y que sus secuelas no solo físicas sino también emocionales. Las enfermedades que vendrán después de que con las vacunas superemos, de cierta manera, a este virus serán en su mayoría de tipo psicológicas ya que muchas personas que logran sobrepasar la enfermedad viven miedos e inseguridades sobre cómo vivirán una vez que los síntomas terminen. A continuación les detallo algunos que he podido experimentar en gente cercana y que han pasado por la enfermedad. 

  • Negación. La prensa y nuestro entorno nos ha llenado de tanto miedo frente a esta enfermedad que cualquier síntoma de COVID-19 buscamos asociarlo a cualquier otra enfermedad. Que si nos duele el cuerpo es por una mala posición o por exceso de esfuerzo físico. La congestión de la nariz es por las lluvias y fríos extremos que hemos tenido, especialmente, en Quito. Recuerden que como dice el médico Esteban Ortiz todo es COVID-19 hasta que se demuestre lo contrario. No le tengamos miedo a esta enfermedad. El retrasar el diagnóstico es lo que puede complicar la situación. Si se medica y atiende a tiempo en la mayoría de los casos la enfermedad pasará sin mayores contratiempos.  También nos han hecho creer que el contagiarse es sinónimo de descuido y por eso preferimos negar la enfermedad. No en todos los casos es así, mucha gente muy cuidadosa y con extremas medidas de bioseguridad incluso sin salir de casa se han contagiado. Es por eso que debemos empezar a creer que el COVID-19 es una guerra de tiempo. Tarde o temprano vamos a contagiarnos, especialmente porque el plan de vacunación en Ecuador está más que atrasado. Pero hay que intentar realizar ejercicio y una buena alimentación que es la mejor manera de combatir este tipo de enfermedades. He podido comprobar que estos dos factores ayudan muchísimo incluso en personas de alta vulnerabilidad. Por eso hay que intentar impulsar al sistema inmune antes de que llegue la depresión y esto más bien lo debilite. 
  • Angustia y Frustración. Una vez confirmado el diagnóstico positivo de COVID-19, las personas pasan por momentos de angustia y frustración. Sienten temor de saber cómo les va a afectar la enfermedad y sobre todo miedo a la muerte. Hemos mal aprendido a asociar COVID=muerte. Lamentablemente muchas personas han fallecido, pero no significa que todos los que nos contagiemos moriremos. Es un proceso de asimilación en el que, aunque queramos buscar culpables, nadie lo es. Nadie sale a buscar la enfermedad y cuando uno contagia a su círculo cercano es sin la menor intención. Antes de buscar culpables y juzgarse entre familia y amigos es mejor dedicar ese tiempo a la recuperación del paciente contagiado para reducir el tiempo de aislamiento y la fuerza de los síntomas.  
  • Convivencia y/o lucha. Una vez que los síntomas de COVID-19 avanzan en el organismo, las personas aprenden a convivir con él y con sus malestares. Por más que las complicaciones sean graves muchos pacientes logran sacar una fuerza extrema para luchar contra la enfermedad. Toda esa angustia que sintieron, en la etapa dos se vuelve fuerza y adrenalina para poder combatirla. Hay casos inexplicables de recuperación de personas que han destruido cualquier lógica. La actitud es muy importante porque la relación entre esta y el sistema inmune es muy fuerte. 
  • Miedo y desconfianza. Una vez que la etapa crítica ha sido superada, los pacientes con COVID-19 vuelven a sentir miedo. Esta vez por un dilema a salir y volverse a contagiar ya que, aquellos que fueron responsables y cuidadosos, igual terminaron contagiados. Algunas de las secuelas como falta de aire al hacer actividad física, la pérdida de musculatura, hacen que estas personas tengan miedo y desconfianza para retomar sus actividades diarias. Es un proceso mental lo que les permitirá sobrellevar estas barreras. Esas inseguridades pueden están presentes mucho tiempo y me da temor pensar que estas personas, a largo plazo, tengan que enfrentarse a enfermedades que en Ecuador aún no se pueden hablar abiertamente. Por ejemplo, la depresión. Pero también el hecho de buscar a un psicólogo por estar en una situación de tanto estrés, pensar estar tan cerca a la muerte, los lleva a reflexionar sobre otros asuntos de la vida que quizás estaban sin resolver, y ese vacío influye en la situación emocional de este tipo de pacientes. 

Esto nos lleva pensar que como sociedad debemos estar preparados para tratar este tipo de problemas emocionales a mediano y largo plazo como consecuencias del COVID-19 y que tampoco estamos preparados. Quizás, las nuevas autoridades deben tomar esto en cuenta para empezar desde ya un plan de acción. Es vital incluir la ayuda psicológica, ya que también hay consecuencias; incluso con otro tipo de enfermedades, como el Cáncer, la diabetes y otras, que implican cambiar el estilo de vida.

Etiquetas:

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *