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Radiografía del Populismo (Parte II)

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En los últimos años surge el neopopulismo. Ecuador lo ha vivido. Conozca cómo identificar a los seguidores de ese estilo de hacer política, que privilegia la demagogia. Una investigación del reconocido académico Ugo Stornaiolo.

Foto: Flickr Presidencia de la República

El neopopulismo

La revista colombiana “Cronopio” se acerca a los principales conceptos del neopopulismo o nuevo populismo. En el artículo “El Neopopulismo en América Latina”, el autor, Luis Guillermo Patiño Aristizábal, docente de la Universidad de Antioquia, señala: “El concepto de populismo y su variante contemporánea el neopopulismo, resulta difícil de enmarcar dentro de la teoría política, pues sus postulados teóricos carecen de unidad y consistencia, son elásticos y se adaptan a múltiples circunstancias y contextos. A pesar de ser un concepto difuso carente de una tradición académica se entiende al populismo y neopopulismo como una dimensión de la acción política que se materializa en el “discurso político”, en el “estilo” o forma de hacer política –frecuentemente demagógica– de ciertos líderes, que tienen como propósito materializar su poder estableciendo una relación directa, casi mística y sin mediación institucional con el pueblo”.

Visto así, el neopopulismo se instaura como una “nueva” forma de representación e identificación política por la deslegitimación de las instituciones tradicionales del poder. La crisis de representación, la debilidad de la democracia y la caída del modelo del Estado-protector, permite que aparezcan estos líderes populistas, con gran carisma personal y que aparecen como personajes providenciales y salvadores del país. 

Entre estos líderes, que surgieron a finales de los ochenta y algunos que retomaron esta tendencia en el presente siglo están Menem y los Kirchner en Argentina, Fujimori en Perú, Collor de Melo y Bolsonaro en Brasil, Chávez y Maduro en Venezuela, Correa y Bucaram en Ecuador, Uribe en Colombia y Evo Morales en Bolivia, sin olvidarse de que en 2017 nació el fenómeno populista en EE. UU. con Donald Trump.

Dentro del populismo el líder representa la voluntad del pueblo, su poder sobrepasa los mecanismos y procedimientos de la democracia liberal, su contacto directo con las masas le permite tener un apoyo mayoritario de la población, que acepta entregar o delegar el poder a estos líderes autoritarios, quienes dicen encarnar y personificar las aspiraciones populares.

¿Qué ideología tienen?

Aunque se busca demostrar tintes o matices ideológicos en esta clase de personajes, es difícil caracterizarlos. El expresidente argentino Carlos Saúl Menem se calificaba como “peronista”, pero su quehacer político fue cercano al neoliberalismo, por las recetas que aplicó en su país, que derivaron en el corralito bancario y la crisis que heredó De la Rúa en 2001. 

Alberto Fujimori, un tecnócrata inmigrante de origen japonés, gobernó Perú durante diez años, aplicando recetas neoliberales. Cuando, tras su segunda reelección en 1999, era inminente su involucramiento en casos de corrupción, huyó a Japón, desde donde envió su renuncia. Hoy, de vuelta en su país, ha sido procesado por delitos en el ejercicio del poder y guarda prisión domiciliaria por su edad.

Fernando Collor de Mello fue un carismático político brasileño que llegó a la presidencia en 1990 con la aureola de ser un no político. Su hermano, Pedro, denunció una serie de irregularidades que cometía un asesor, Paulo Cesar Farías. Ante las evidencias, el congreso y el senado brasileño le hicieron un “impeachment” (destitución) en 1992.

Hugo Chávez surgió de la milicia y se volvió famoso por su intento de golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez en Venezuela en 1992, que lo catapultó en la política y también por la fama de no ser político. Gobernó Venezuela desde 1999 hasta su muerte en el 2013, pocos meses después de haber sido reelecto para la presidencia. 

Creó, junto con el sociólogo alemán Heinz Dieterich, la llamada corriente del “socialismo del Siglo XXI” a la que se adhirió Correa. Aunque parece de Ripley, este es el típico ejemplo del populismo: tras su muerte, su sucesor Nicolás Maduro, quiso adoptar en ese país una plegaria al líder que iniciaba con “salve Chávez, que estás en los cielos”… 

El presidente colombiano Álvaro Uribe representa una facción conservadora del neopopulismo. Su llegada a la política coincide con los más difíciles momentos de la lucha entre el gobierno colombiano, las guerrillas de las FARC y el ELN y los carteles de la droga. Uribe fue financista de grupos paramilitares que se enfrentaron con las guerrillas y narcos. Presidente electo en el 2002 y reelecto en el 2006, tras una reforma, intentó una tercera reelección, negada por la Corte Constitucional. 

Evo Morales, de líder de los cocaleros bolivianos a político de emergencia en Bolivia, tras el fracaso del gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada. Gobernó su país desde el 2006 hasta el 2019. Su estilo de vestir y de actuar también parecen haber inspirado al expresidente ecuatoriano. Es otro adherente al socialismo del siglo XXI.

El más importante antecedente del neopopulismo ecuatoriano es Abdalá Bucaram Ortiz. Hijo de Jacobo Bucaram y sobrino de Assad Bucaram (fundadores de Concentración de Fuerzas Populares CFP), apareció en la vida pública en los funerales del presidente Roldós y su esposa Martha, hermana de Abdalá (25 de mayo de 1981).

Luego formó el partido Roldosista (que, aunque pudo ser un homenaje a su fallecido cuñado, fue reprobado por los hijos de Roldós). Alcanzó notoriedad en las décadas de los 80 y 90, participando en elecciones en 1988, perdiendo en la segunda vuelta con el socialdemócrata Rodrigo Borja, para luego vencer en las elecciones de 1996 ante el socialcristiano Jaime Nebot. En el lapso entre esas dos elecciones estuvo exiliado en Panamá, acusado por corrupción cuando fue alcalde de Guayaquil (1984-1985). Actualmente es candidato a la Asamblea, pese a tener nuevos procesos en su contra y portar un grillete electrónico en su pierna.

Su gobierno tomó medidas cercanas al neoliberalismo, pese a declarar que su partido era “de los pobres”. Trajo al Ecuador al controvertido ministro de economía de Carlos Menem en Argentina, Domingo Cavallo, quien sugirió la convertibilidad de la moneda, anticipándose a la dolarización de Mahuad en 1999.

¿Qué decía Rafael Correa sobre el populismo? “Es chistoso, en América Latina y en Ecuador siempre se habla del populismo, del subsidio -los que dan subsidio a los pobres es mala palabra-; los mayores subsidios que se han dado en Ecuador siempre han sido a los ricos: la sucretización de 1983 en la deuda externa privada, el salvataje bancario de 1999 (ese que se dice salvamento, pero se lo llamó en Ecuador con la palabra “salvataje”). 

Ernesto Laclau, un pensador argentino, experto en Perón, señala que el “populismo es una categoría ontológica y no óntica –es decir, su significado no debe hallarse en ningún contenido ideológico o político que entraría en la descripción de las prácticas de cualquier grupo específico, sino en un determinado modo de articulación de esos contenidos sociales, políticos o ideológicos, cualesquiera ellos sean–“. 

Roger Bartra, en su ensayo “Populismo y democracia en América Latina” hace una recomendación a los estudiosos de este fenómeno: “vale la pena, pues, volver a leer los textos que escribieron los sociólogos en los años sesenta del siglo pasado. Cuando Gino Germani se refirió a los movimientos que llamó nacional populares y a los regímenes populistas establecidos por ellos enumeró sus características principales así: “El autoritarismo, el nacionalismo y alguna que otra forma del socialismo, del colectivismo o del capitalismo de Estado: es decir, movimientos que, de diversas maneras han combinado contenidos ideológicos opuestos. Autoritarismo de izquierdas, socialismo de derechas y un montón de fórmulas híbridas y hasta paradójicas, desde el punto de vista de la dicotomía (o continuidad) ‘derecha-izquierda’”.

Álvarez Junco hace una disección del tema, en un artículo de “El País”: “se habla mucho de populismo últimamente. En Europa se aplica a la derecha xenófoba francesa, británica u holandesa; en América Latina, al eje chavista venezolano, ecuatoriano o boliviano. Pero el término sigue teniendo difícil acceso al mundo académico. El diccionario de la RAE, por ejemplo, no incluye el sustantivo “populismo”; y define el adjetivo “populista” como lo “perteneciente o relativo al pueblo” que, en castellano actual, corresponde más bien al adjetivo “popular”.

El populismo no es fácil de definir. Frecuentemente se lo usa en sentido denigratorio, atribuyéndolo a fenómenos que, como mínimo, carecen de contenido serio. Una politóloga propuso, hace años, el abandono del término, por indefinible. La obstinación con que se sigue utilizando indica, sin embargo, que algo deben de tener en común los dispares fenómenos a los que aplicamos ese nombre como para que valga la pena intentar ponernos de acuerdo sobre su significado”.

El tecno populismo

Nuevas definiciones de algunos autores conceptúan al sistema de gobierno de los presidentes de la corriente chavista, como “tecno populismo”, mezclando dos visiones totalmente distantes, a las que este tipo de gobiernos intentan juntar: el acercamiento a las masas a través del carisma y el uso de las tecnologías y funcionarios con ese perfil para manejar el aparato estatal. 

Carlos de la Torre Espinoza es uno de quienes calificó al correísmo como “tecno populismo” en su libro “De Velasco a Correa, Insurrecciones, populismos y elecciones en Ecuador, 1944-2013”, pues mezcla elementos tanto del carisma tradicional de sus antecesores con la tecnocracia, que no son, en sí mismos, sistemas de dominación opuestos. En el discurso de Correa confluyen los dos elementos, y el exmandatario se constituye en “profesor y redentor de la nación”, lo que diferencia este tipo de populismo de los analizados anteriormente.

Pero esta curiosa síntesis no se realiza sin conflictos: en especial entre los tecnócratas y los movimientos sociales. De la Torre concluye que el populismo no tiene los mismos efectos en los sistemas políticos institucionalizados, que en aquellos donde las instituciones políticas son más frágiles. 

El expresidente Rodrigo Borja Cevallos, presidente entre 1988 y 1992 quien, tras retirarse de la política en 2006, escribió su “Diccionario de la Política” donde define al populismo como “una posición y un estilo políticos -que no llegan a ser ideológicos- caracterizados por el “arrebañamiento” de las multitudes en torno a ese “hechicero del siglo XXI”, listo siempre a ofrecer el paraíso terrenal a la vuelta de la esquina”. Borja pone el dedo en la llaga, sin mencionar nombres: “no es un movimiento ideológico sino una desordenada movilización de masas, sin brújula doctrinal.”

Sin citarlo, se refiere a Velasco Ibarra, el caudillo populista del siglo XX: “…se dijo de un vigoroso caudillo populista ecuatoriano de mediados del siglo XX que “fascina a las masas sin dejar de servir a las oligarquías”. 

“En cierto sentido es la antidemocracia porque la democracia es la participación consciente y reflexiva de los pueblos en las tareas de interés general mientras que el populismo es su intervención emocional y arrebañada, librada a las potencialidades taumatúrgicas del caudillo populista”, sostiene Borja.

Para Borja el populismo no es de izquierda o de derecha: “es, simplemente, populismo”. Una conjunción de agentes políticos en torno a la “magia” del caudillo, “sin consideración alguna a planteamientos de orden ideológico”. 

Para fabricar un caudillo populista se requiere, según Borja, “exaltación hiperbólica de su personalidad, fabricación de la aureola carismática, providencialismo, demagogia”. Luego se fabrica los “enemigos” contra quienes se dirigen los reproches y se fomenta el odio. Luego, el maniqueísmo, “la adulación a la masa y la asunción del monopolio de la verdad”. “Los “enemigos” son los culpables de los quebrantos que sufre el país, de los cuales serán liberados por obra y gracia del caudillo”, dice.

Agrega Borja: “aunque la plaza pública es su escenario natural, el caudillo populista incursiona también en la radio, la televisión y las redes sociales —que son la plaza pública virtual de las ondas visuales y sonoras— para difundir programas populacheros hábilmente manipulados”. “Es el populismo mediático, que algunos denominan “neopopulismo”, pero que es el populismo tradicional ejercido con métodos y tecnologías modernos”. Sobran las palabras…

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