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Radiografía del Populismo (Parte 1)

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El populismo es un fenómeno político que surgió en el siglo XX. Conozca sus características y consecuencias para la región y el país.

Foto: @WaveBreakMedia – Freepik

Desde su aparición el populismo ha sido un fenómeno político de difícil definición. Desde su surgimiento en el Siglo XX, con personajes como Perón, Velasco Ibarra y el “chivo” Rafael Leonidas Trujillo, que le fueron dando sus iniciales características, hasta los neo populistas del siglo XXI con diferentes tendencias, porque los hay de derecha, como Trump y Bolsonaro.

La ideología es más clara en los casos del sindicalista brasileño Lula, el derechista peronista Menem y los kirchneristas argentinos, pero es indescifrable en los casos de Correa, Maduro y Chávez (su comportamiento sinuoso va desde el nacionalsocialismo, el estalinismo, el socialismo del siglo XXI, hasta el neoliberalismo). Los matices de este modelo de hacer política llegan a hacer pensar que, incluso los nacionalismos de corte fascista o nazi fueron, en efecto, populismos de vieja data.

El pensador italiano Norberto Bobbio (1988), en su Enciclopedia de la Política, define al populismo como “aquellas fórmulas políticas por las cuales un pueblo, considerado como un conjunto social homogéneo y como depositario exclusivo de valores positivos, específicos y permanentes, es fuente principal de inspiración y objeto constante de referencia”.

Según Bobbio, no es una doctrina, sino un “síndrome”, que no corresponde a una orientación teórica orgánica y sistemática. Se adapta a doctrinas y fórmulas adaptadas de manera diferente y divergentes en apariencia. Un día dijo el caudillo argentino Perón que “habiendo recorrido el país de punta a punta y habiendo conocido todas sus bellezas y maravillas, se encontró al fin con su más grande y alta belleza: el pueblo”. El pueblo se asume como un mito, que va más allá de una definición terminológica a nivel lírico y emotivo.

Una de las características de los populismos es establecer una especie de mesianismo para captar el favor popular. Un famoso discurso del caudillo y cinco veces presidente del Ecuador, José María Velasco Ibarra, en uno de sus arrebatos más característicos, decía:

“Me siento, señoras y señores, profundamente quebrantado por estas responsabilidades que sobre mí gravitan. Muy pocos hombres se habrán dado cuenta de que es una responsabilidad tan grande. Todo un pueblo, todas sus instituciones, todos sus esfuerzos, y ¿qué voy a hacer? ¿Podré estar al nivel de los ideales de la revolución popular? ¿Podré estar en todo con las exigencias del ejército? Con el apoyo del pueblo ecuatoriano hemos de triunfar. Mi deber no es calcular si voy a fracasar o no. Mi deber es entregarme a la tarea de salvar a la patria ecuatoriana. No es posible, señores, ni un momento más de vacilación”. (Discurso de aceptación del encargo presidencial tras la revolución “Gloriosa”, el 31 de mayo de 1944).

Aunque el fenómeno está vigente varias décadas, el populismo sabe reinventarse, como en los recientes casos electorales de Bolivia y Argentina, donde pese al desprestigio y comprobados casos de corrupción de los expresidentes Evo Morales y Cristina Fernández de Kirchner, los votantes volvieron a creer en las promesas de sus agrupaciones y pusieron en la presidencia a Luis Arce en Bolivia y Alberto Fernández (con Cristina como binomio), en la Argentina. 

¿Qué es el populismo?

El historiador español José Álvarez Junco, autor del libro “Las historias de España” sostiene, al referirse al populismo, que: “invocar la voluntad del pueblo para saltarse el respeto a la ley es uno de sus recursos habituales. Movilizan así a los apáticos, pero su afán por eliminar las cortapisas democráticas abre un peligroso camino a la tiranía”. 

Carlos de la Torre, experto en el tema, en un artículo publicado en el diario El País de España, titulado “las promesas y los riesgos del populismo” señalaba que algo que caracteriza a algunos gobernantes latinoamericanos de estos tiempos e incluso al joven líder español Pablo Iglesias (de Podemos) es precisamente el rasgo de que son populistas, antes que otra cosa:

“Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, al igual que Podemos, por ejemplo, cuestionan las políticas neoliberales y politizan el manejo del fisco cómo una economía política que favorece intereses de clase. Los populismos prometen una mejor forma de democracia en que la participación ciudadana remplace el manejo de lo público por élites partidistas. Los populismos, por lo general, construyen a un líder como la encarnación del pueblo. En un mensaje a la Asamblea Nacional Chávez aseveró, “no soy yo, soy el pueblo”. Al triunfar en las elecciones presidenciales del 2009 Rafael Correa dijo, “el Ecuador votó por sí mismo”.

La tentación populista de forjar al líder como la encarnación del mismo pueblo se acentúa en regímenes presidencialistas, cuando colapsan los partidos políticos y en coyunturas en los que los movimientos sociales son débiles. Es así como luego del colapso de los partidos políticos ecuatorianos sólo quedó el liderazgo de Correa. Su gobierno emergió cuando los colectivos sociales estaban en crisis y, a diferencia de Bolivia, no tuvieron el poder para frenar los intentos del líder de ser la única voz del pueblo”.

Agustín Cueva, importante pensador ecuatoriano del siglo XX, analizó el fenómeno del populismo teniendo como objeto de estudio a José María Velasco Ibarra, cinco veces presidente del Ecuador. En su artículo “EI velasquismo: ensayo de interpretación”, publicado en el texto “El populismo en el Ecuador”, compilado por Felipe Burbano y Carlos de la Torre Espinoza, basado en el libro “El proceso de dominación política en el Ecuador” del mismo Cueva, señala lo siguiente:

“El velasquismo constituye, a no dudarlo, el fenómeno político más inquietante del Ecuador contemporáneo. Baste recordar que Velasco ha logrado triunfar en cinco elecciones presidenciales y acaudillar un movimiento insurreccional (el del 44), fascinando permanentemente a los sectores populares, pero sin dejar de favorecer desde el gobierno a las clases dominadoras. Sorprende, además, su habilidad para apoyarse en los conservadores y buena parte del clero sin malquistarse con los liberales ni descartar en determinados momentos una alianza de facto con los socialistas y aun los comunistas” (pág. 115). 

Sorprenden las semejanzas entre el modo de llegar al poder del varias veces presidente con las formas de seducción del expresidente Correa. “…Velasco ha conseguido dominar el escenario político ecuatoriano por un lapso que bien podría ser de 40 años: desde 1932 en que apareció por primera vez como personaje público relevante, en el Congreso, hasta 1972, año en que debería concluir su quinta administración” (pág. 115). Velasco Ibarra no concluyó su quinto mandato, pues fue derrocado por un golpe militar, encabezado por el general Rodríguez Lara.

“Por lo demás, en qué casilla ideológica ubicar a este hombre que respondió lo siguiente a un periodista que Ie instó a definirse políticamente: ‘Yo me siento ligado a una misión divina del hombre en la vida, cual es la de cooperar para que toda la naturaleza y la humanidad salgan del caos a la organización y de las tinieblas a la luz’”, (pág. 115).

De la Torre Espinoza, hijo de un destacado periodista –Carlos De la Torre Reyes- que dirigía el diario “El Tiempo” de Quito (desaparecido en 1984), cuenta en la obra antes citada su acercamiento al concepto de populismo, basado en sus vivencias personales y luego en sus estudios: “Es un discurso o estrategia para llegar al poder y gobernar, basada en la lucha moral y maniquea, entre el pueblo y la oligarquía”. 

Las experiencias de este estudioso le permiten contar cómo fue, desde su visión, la relación entre la prensa y el poder: “De la Torre cuenta que, cuando era pequeño, vio a un ministro de Velasco Ibarra insultar a su padre en televisión. Lo que hoy podría parecer un hecho cotidiano era entonces toda una novedad, pues los televisores eran escasos y en blanco y negro. Del insulto pasaron las turbas velasquistas a los hechos: una de ellas se fue a lanzar piedras a la sede del diario El Tiempo, del que era director el padre del académico. La vieja consigna de la “prensa corrupta” que el correísmo creyó haber patentado, resulta que es un argumento de vieja data”. 

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