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Primero el debate, luego los acuerdos para la unidad: Jörg Dehnert

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El proceso de unidad es un trabajo de mucha constancia y de largo aliento. El Director de la oficina de Países Andinos de la Fundación Friedrich Naumann habla sobre ese objetivo democrático. 

Foto: Cortesía IEEP

El triunfo de Guillermo Lasso en la segunda vuelta electoral en Ecuador tiene repercusiones en la región. La derrota del correísmo también. El politólogo e historiador por la Universidad Wilhelms de Westfalia de Münster; y actual Director de la oficina de Países Andinos de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, Jörg Dehnert, mira con gran expectativa el trabajo del Presidente electo.

El proceso de unidad, uno de los objetivos de la nueva administración, es un ejercicio que tiene sus dificultades. En una entrevista con este portal señala cuáles son las alertas en este proceso; además, advierte del riesgo que sigue latente en la región y en el mundo, incluso en países muy desarrollados como el suyo, Alemania.

Este es un extracto de la entrevista con el especialista y también fundador de la Academia Internacional de Líderes-IAF, vía Zoom, desde Perú. 

Usted es un defensor de las libertades y en Ecuador se ha reclamado más libertad durante los últimos 15 años. ¿Cuál es su lectura sobre el triunfo de Guillermo Lasso sobre el correísta Andrés Arauz?

En América Latina, pero también en Europa y en casi todo el mundo, tenemos la amenaza del populismo. En Europa, si hablamos de populismo, es nacionalismo contra la democracia. Aquí, en América Latina, si hablamos de populismo, es casi socialismo contra una economía social de mercado. Y todavía tenemos la gran amenaza, el peligro, de que muchos regímenes vayan a la izquierda. Hemos visto en Argentina, en Bolivia, también en Perú. De hecho acá, en Perú, tenemos un balotaje con un socialista, casi chavista, y en Ecuador el balotage también entre con un socialista y, no un liberal, sino un no socialista. En esta línea estoy contento de que no haya ganado la izquierda, el socialismo. Pero esto no significa que automáticamente tenemos una economía de mercado, libertades, derechos humanos, asegurado el Estado del Derecho, que también es parte de un pensamiento liberal. 

En Ecuador hay un ánimo de buscar unidad. Usted, incluso siendo alemán, sabe lo complejo que son los procesos de unidad o reconciliación en un país. ¿Qué recomendaciones puede hacer, no solamente al presidente Guillermo Lasso, sino a las personas que votaron por la tesis de la unidad?

La unidad es algo maravilloso. Pero una democracia vive de un debate y una discusión entre distintos valores o caminos o soluciones.Tiene que ser un debate justo y tiene que tener reglas: no insultos, no violaciones de derechos humanos, no violaciones al Estado de derecho y, finalmente, sin violencia. Por ejemplo, si hay manifestaciones hay que saber que es un derecho democrático de todas las personas, pero sin usar violencia. El Presidente no es un dictador, tiene que cooperar y colaborar con el Congreso, con el Poder Legislativo. Debería darse un diálogo con los distintos poderes y bajo las reglas democráticas. La polarización es mala. Hay que abrir el diálogo. En Argentina, por ejemplo, Mauricio Macri se concentró mucho en su Presidencia. Y no en el diálogo con todas las fuerzas democráticas, que es importante.

El proceso de Unidad en Alemania continúa, luego de la Segunda Guerra Mundial y la Caída del Muro. ¿Usted mira la construcción de la Unidad como algo constante?

Sí. Por ejemplo, en Alemania tenemos el problema de que no tenemos un debate. En democracia se necesita un diálogo, un debate con distintas opiniones. Y luego hay un compromiso, un acuerdo. Pero en Alemania empezamos con el acuerdo pero no tenemos una discusión. Por eso crecieron partidos nacionalistas, partidos extremos de izquierdas y derechas. Los extremos, de los dos lados, se benefician de la falta de debate nacional. Por eso, ir primero al debate es lo adecuado, y tiene que ser pacífico y con respeto. Y al final necesitamos el acuero  y el compromiso. Y eso hace falta en muchas cosas.

¿Cómo hacer realidad un debate de ideas, nacional?

El debate es una discusión entre distintas posiciones. Pueden ser, por ejemplo, partidos en el Parlamento, pero también los think tanks o las ONG, que tienen una gran responsabilidad en la democracia, porque cuentan con mucha influencia en los ciudadanos. En muchos países, casi en todo el mundo, la clase política no tiene una gran imagen y la gente no tiene mucha confianza en los políticos, pero tienen mucha confianza en ONG. Esa es una cooperación: las ONG en el ámbito político.

En el tema regional, está el presidente Iván Duque en Colombia, vendrá el presidente Lasso en Ecuador, está Sebastián Piñera en Chile, Luis Lacalle en Uruguay… En Perú escogerán entre la izquierda populista y la derecha populista. Sigue Nicolás Maduro en el poder, está Luis Arce en Bolivia… ¿Cómo ve usted en el ámbito regional la reconfiguración del mapa político de la región? 

Tengo una preocupación. Los izquierdistas son muy fuertes y se unen. La izquierda está muy bien organizada. Por ejemplo, hoy Evo Morales dijo que va a ayudar al candidato Pedro Castillo en el Perú. Maduro también. Y este es el gran problema. Tenemos el discurso del Foro de Sao Paulo, del Socialismo del Siglo XXI. Pero las fuerzas democráticas, los no socialistas, no son tan unidos. Ese es un gran problema. Ahora, no todos los socialistas son los mismos. También hay socialistas moderados. Y en algunos temas no tienen razón pero ponen énfasis en los deficits que existen en la democracia. La desigualdad, el sistema de educación con privilegios, que no es justo. Tiene puntos donde realmente deben mejorar. En este momento, en la pandemia, vemos claramente los problemas que tiene el sistema de salud en Perú, en Ecuador. Hay que hacer reformas y eso es muy claro. Otra cosa que veo es que los izquierdistas en todos los países quieren cambiar la Constitución, es un pedido en Chile, en Perú, en Colombia. Pero la Constitución no suele resolver todos los problemas que tenemos. La Constitución es un framework, una regla. Pero los problemas que tenemos podemos resolverlos con leyes, con reformas, pero no con una nueva Constitución. 

¿Por qué cree usted que en nuestra región se produce esa falta de unidad entre los grupos no socialistas y no populistas?

No creo que solamente es en América Latina, pasa en otras regiones. Tenemos el mismo problema. Yo soy liberal y nosotros hablamos de libertad, hablamos de libertad de individuo, no de grupos. Entonces somos distintos y es muy difícil formar una alianza o un Partido Liberal. En los Partidos Liberales más luchas internas que en otros partidos. En esas agrupaciones también hay conservadores, liberales, hay socialdemócratas que no son socialistas. Pero los nacionalistas son muy fuertes, igual que los extremistas, no solamente a la izquierda sino a la derecha. 

Qué le parece la Carta de Madrid que impulsa Vox en España, y que han firmado algunos líderes de Iberoamérica. Esta sería el contrapeso al Foro de Sao Paulo. Quisieran que sean más firmantes… ¿Por qué estas iniciativas no trascienden como deberían hacerlo en nuestros países?

Es una buena pregunta. Si yo tendría la solución no trabajaría para Fundación Naumann y sería consultor. Pero yo creo que la gran lucha, la batalla cultural que tenemos en América Latina, es el socialismo contra un sistema de economía social de mercado. No hay ningún ejemplo en la historia del mundo donde el socialismo funciona. Las críticas que tienen es por la desigualdad y otros asuntos. Pero a la final si la migración que se produce por fracasos no se dirige a los países socialistas como Cuba, Venezuela, Bolivia, China, Corea del Norte, Rusia.. Si fuera tan atractivos, tan buenos, justos, ¿por qué las personas no van para allá? Van a los países que dicen que son injustos o capitalistas. En Europa tampoco hay un solo ejemplo donde el nacionalismo haya funcionado, al contrario todas las guerras en Europa tenían como base el nacionalismo. Pero la gente todavía vota por los extremos que causaron tanto desastre, pobreza, violación de DD.HH.. Es algo que todavía no entiendo y no tengo una explicación. El único chance que tenemos como demócratas es luchar por nuestros valores: libertad, democracia, DD.HH.. Y todos juntos.

En esa línea, el triunfo en Ecuador es el inicio de un enorme trabajo. ¿Es así?

Es una responsabilidad de todos trabajar por el desarrollo en la democracia, libertad y los DD.HH.. Nosotros, por ejemplo, junto con nuestros socios en Ecuador (Libre Razón) y en otros países. Lo hacemos. Empezamos un proyecto hace dos años y seguimos trabajando. 

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