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El pueblo ecuatoriano da una lección de democracia

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Después de un día de política civilizada y de expresión democrática, corresponde ahora aterrizar en la realidad, cumplir las ofertas comenzando por atender las urgencias del pueblo ecuatoriano que reclama atención médica y trabajo.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

Para que una jornada electoral sea completa se requiere la participación correcta de cuatro actores fundamentales: el ganador, el perdedor, la autoridad electoral y el elector. Los cuatro actores cumplieron su papel de manera casi ejemplar. Ecuador se da la oportunidad de iniciar un período de política civilizada que se dedique a resolver los problemas urgentes y que deje la lucha cainita a la que nos han acostumbrado los políticos. Examinemos el papel que cumplieron en estas  elecciones los cuatro actores claves.

El ganador

Guillermo Lasso ha realizado una proeza política al remontar 34 puntos en la segunda vuelta. Lo consiguió porque fue el candidato que realizó una mejor lectura de los resultados de la primera vuelta, porque tenía más posibilidades para cambiar el contenido de su propuesta y su estrategia y era el menos atado por sus propios partidarios. 

Guillermo Lasso advirtió que el país estaba cansado de la polarización política y que quería emprender un viaje hacia el centro como demostraba la sorprendente votación de Yaku Pérez y Xavier Hervas. Para conquistar esos votos cambió sus propuestas y sus estrategias, se acercó a los jóvenes, a los ecologistas, a los indígenas, no respondió a la campaña descalificadora, presentando una imagen más cercana al estadista, al político experimentado, al candidato interesado en resolver los problemas del país. Acuñó como lema de campaña la propuesta del encuentro de todos que calzó bien con las aspiraciones de la mayoría de los ecuatorianos.

Fotos: Juan Ruiz Cóndor – API

El trabajo realizado en la segunda vuelta ha sido notable desde el punto de vista de la estrategia, pero especialmente en la lectura política y la modificación de las propuestas. La posibilidad de cambiar de estrategas incorporando a los que trabajaron para los otros candidatos y sumarse a las causas que los otros manejaron, no es un tema fácil para un político. Los candidatos son, generalmente, soberbios, vanidosos y se creen los mejores estrategas. La capacidad de cambiar, de valorar positivamente a los demás, incluso a los adversarios, es buena señal para un líder que debe gobernar un país dividido y con tantos políticos predicando y azuzando el resentimiento antes que la concordia o el encuentro.

Le ayudó mucho a Lasso el descubrirse un candidato liberado. Cuando las élites del país pensaban que Lasso era un mal candidato y que debía renunciar en favor de Yaku Pérez porque la prioridad era derrotar a Correa, demostraron que solo ven por sus intereses y que Lasso, en el fondo, no era aceptado. En una reunión con empresarios llegó Lasso y les dijo: vengo a pedirles el voto a ustedes porque el voto del pueblo ya lo tengo. Les estaba diciendo que no depende de ellos ni les necesita. No creo que le hayan comprendido. Para la campaña y para el gobierno, es importante esa liberación del presidente electo porque le permite plantearse como presidente de todos.

El perdedor

Andrés Arauz creció el momento de aceptar la derrota. Ese momento apareció como un demócrata, como un político civilizado y se distanciaba de su mentor que estaba ya tratando de incendiar el país con la historia de que el exit poll de Cedatos era parte de un fraude, daba instrucciones a su de energúmenos, los trolls, que debían rechazar los resultados pues la victoria de Arauz era irreversible. Apelaba al viejo truco de si ganamos la elección es limpia, si perdemos es fraude.

Cuando el candidato perdedor acepta la derrota y anuncia que llamará al contrincante para felicitarle por su victoria, desaparece el rencoroso populismo y empieza una política civilizada. Es muy posible que Correa se haya visto obligado a retroceder después que su candidato le dijera que no estaba de acuerdo con la teoría del fraude y que iba a reconocer su derrota.

El candidato perdedor no es derrotado totalmente porque se ha mostrado como la segunda figura más popular del país, porque tiene un capital político envidiable del 47% del electorado y porque puede contribuir a mejorar la democracia y a la instalación de una política constructiva en Ecuador. Pero no tardará en iniciarse una lucha interna por el control de su partido. Arauz querrá conservar su capital político, pero intentarán arrebatárselo Pierina o los adulones de Correa que creen que Arauz solo era un candidato sustituto. Según quién maneje el movimiento y el bloque legislativo habrá una oposición civilizada o la vieja política de la revancha, el odio y el resentimiento.

La autoridad electoral

El Consejo Nacional Electoral no ofrecía garantías para un proceso electoral transparente ni resultados rápidos. Los antecedentes, desde la calificación de los candidatos, los recursos interpuestos, la participación del Contencioso Electoral, de la Fiscalía y de la Contraloría auguraban nuevos dramas y sospechas en la segunda vuelta electoral. Sin embargo, todo salió bien. El proceso de votaciones resultó expedito, casi ejemplar. A pesar de la pandemia hubo una asistencia importante.

El Consejo Electoral decidió eliminar el conteo rápido que provocó serios problemas en la primera vuelta, lo hizo con la certeza de que podía entregar un conteo real a la vista de todos. Los consejeros sorprendieron a todos con un cierre tan profesional a una campaña complicada. Tan satisfechos estaban que todos quisieron subirse al carro de la victoria cada uno con su discurso. Los resultados inmediatos generaron también un epílogo inmediato con el discurso del ganador y el sorprendente discurso del perdedor aceptando la derrota.

En las condiciones actuales no parece que haya dilaciones con la presentación de recursos ni actuaciones extrañas en el Contencioso electoral con el trámite de las demandas que se presenten. Hasta la posesión del nuevo presidente habrá un giro en la atención nacional, volveremos los ojos a los funcionarios salientes y especialmente a los integrantes del nuevo equipo de gobierno que se irá anunciando. La democracia en Ecuador ha vuelto a lo que debe ser, al menos por el momento.

El elector

El comportamiento del elector ha sido ejemplar en la segunda vuelta electoral, a pesar de los peligros de la pandemia, los ecuatorianos asistieron a las urnas y expresaron claramente su voluntad que ha sido aceptada por los candidatos. 

Los estudiosos de la conducta social estudiarán a fondo lo que el pueblo manifestaba con los resultados de la primera vuelta y el mensaje que entrega con su decisión en la segunda vuelta electoral. El candidato que leyó mejor el mensaje de la primera vuelta resultó triunfador en la segunda vuelta.

En la primera ronda tuvimos dos sorpresas, la de Yaku Pérez y la de Xavier Hervas, en ninguna de las dos tuvieron que ver los candidatos sino los electores. Yaku era el candidato de Pachakutik que nunca había pasado del 7% y, de pronto, llega al 19%. Se explica porque los electores, cansados de la política maniquea de izquierda y derecha busca algo distinto, una política más de centro. Cuando Yaku, que propuso un programa para todos los ecuatorianos, declara que los dos finalistas no valen nada que solo él valía y vuelve a ser un dirigente revoltoso, protestatario, soberbio, decepcionó a sus electores que le abandonaron como prueba el hecho de que no votaron nulo como él pidió.

Pasó lo mismo con el candidato de la Izquierda Democrática. No era el candidato la novedad porque solo era un candidato prestado para un partido muerto. Obtiene el 15% porque había un electorado que aspira a una política más de centro, alejada de los extremismos. Juntos, los candidatos de la sorpresa sumaban un tercio del electorado, el 34%. ¿Quién conquista ese electorado? El candidato que cambió para adecuar su propuesta a las aspiraciones de esos electores y cambió la estrategia para hablarle a esos electores. 

El pueblo habló con claridad

El milagro de las elecciones ocurrió como ocurren las conjunciones de los astros. El ganador se liberó de ataduras e intereses, el perdedor reconoció la derrota y ofreció trabajar por construir el país, el Consejo Electoral mostró transparencia y rapidez y los electores dijeron que querían otra manera de hacer política más civilizada. Ahora a todos corresponde modificar sus ideas y sus estrategias para acomodarse a los deseos del electorado. Esta inesperada demostración de democracia obliga al nuevo gobierno a dedicar sus esfuerzos a resolver los problemas más urgentes que son nada menos que proteger la vida de los ciudadanos con vacunas y producir empleo para asegurar la subsistencia de los ciudadanos.

Los extremistas de la política tienen una señal de que los ciudadanos están agotados de esa lucha fratricida que no quiere cambiar, que ni siquiera busca hacer cambiar al adversario, que lo que aspira es a destruir al enemigo. Y la receta debe aplicarse a los sindicatos, a los gremios, a todas las organizaciones sociales. Un cambio que signifique un viaje al centro es lo que aspiran los ciudadanos, por eso le han dado la victoria al candidato que se autocalificó como el candidato del encuentro.

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